6 abr. 2012

Por una araña



Llevábamos un mes de relaciones y me había invitado a pasar el fin de semana con ella en su casa. En nuestra correspondencia me había incluido varias fotografías suyas, pude comprobar que era muy atractiva, tanto que me llevó a aceptar la invitación por ver si las fotos se correspondían con la realidad y vaya si se correspondían.


Me recibió vestida de forma muy elegante, resaltando sus encantos más de lo que podía suponer, con lo cual a los pocos minutos ya era su más encendido admirador y los besos de la presentación tuvieron continuación después de la comida, pues luego del café quiso que le acompañara a su suite porque quería descansar y dijo que deseaba mostrarme su aposento por si necesitaba buscarla, se esforzó tanto en mostrarme los detalles que no me quedó más remedio que acompañarla en su descanso, puso todo de su parte  para que nos cansáramos antes.

Hicimos el amor en las más extrañas posturas, para mí que era una estudiosa del camasutra y le gustaba ensayar todas las posturas, dormí sin quererlo, rendido de tanto ajetreo y al despertar me levanté sin hacer ruido ni mover nada para no despertarla. Me duché y volví al tálamo en el que ella seguía durmiendo plácidamente, me vestí para irme y puse mis gafas, fue entonces cuando miré su cara y un estremecimiento recorrió mi cuerpo, de su boca sobresalían las largas patas de una araña, juré en aquel instante que nunca más volvería a besarla.

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