7 mar 2009

Vivir, vivir

Según el estado latente de mis extremidades y a pesar de que en todos sus términos la hoja perenne debía aún pendular y no es el caso, debo hacer un somero cálculo, para saber las probabilidades de éxito que tengo, pues por pueril e injustificado que parezca mí diagnostico, de la situación intrínseca del momento, de seguir bajo los auspicios de las repetidas tormentas, es que corro el serio peligro de dar con todo mi cuerpo en tierra y la verdad, no me satisface en absoluto, así es que he jurado por mi honor, que trataría de revitalizar todo este organismo que sostengo y a tal fin, he lanzado mis remates subterráneos, en la búsqueda de los nutrientes necesarios, para que cuanto antes comiencen a brotar esos renuevos, que alegren el corazón de los mortales y a mí me den la prestancia precisa.
Noto bajo mi planta, que el terreno se ha vuelto esponjoso y tolerante con el desplegar de mis fibras. Que el follaje otrora impávido y perpetuo, comienza de nuevo a luchar por abrirse al sol y hasta me parece escuchar otra vez, el trinar de los pajarillos que acostumbraban a montar su hogar aquí. Quizá esos mismos que picotean la verdura, quieran anidar en mí. Tal vez en algún lugar del manuscrito de la vida esté escrito, que ésta será siempre posible, si mantenemos el equilibrio con nuestra madre Naturaleza.
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El arco iris del Autismo

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