19 jul. 2009

Una foto


La foto que tomé hace un rato en el café de la Engracia, tiene su aquel de simpática, ahora que la veo recién revelada y recordando el cuadro.
El Eustaquio, escuadrado sobre la barra y con la cabeza inclinada por el peso de la moña de ayer. Seguro que la tenía aún llena de niebla alcohólica ¡más parecía un saco de patatas, que persona humana!
La Engracita, ella solícita y amable haciendo gala de una docilidad pasmosa, hoy sí. Yendo y viniendo, de la cafetera a detrás de la barra, para atender a su hombre ¡que no quería tomar nada! Que el pobre quedó muy desmejorado de la tremenda tajada que se agarró.
¿Y que se le ocurre a la niña? Pues nada, como su maridito solo toma chupitos, va y le pone ese dedal de cristal y se lo llena de agua de carabaña, de infusión de melisa, de menta y de cola de caballo, para mejorar el hígado y los riñones, dice.
Y el muermo ese, que ayer aguanto carros y carretas de la chiquilla, que lo más fino que le dijo fue ¡borracho rechumido, hijo de una cerda inútil! ¡y como ahora hicieron las paces y se lo da su amorcito! ¡se bebe lo que le eche! Eso sí, en chupito y ahí tienes ese pedazo de tía, moviendo esas caderas las veces que sea, mostrándose reticente en que su cariñín beba hasta la última gota de sus mejunjes, para que le limpie bien las tripas.
Y la verdad, me quedó de postal, la fotica, voy a enseñársela.
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